(Si no has leído sobre el caso de Jane Doe, te recomiendo que investigues antes de leer este artículo, ya que se trata de una reflexión más que de un reportaje periodístico)

7 hombres abusaron de ella. Durante 7 horas, ella no tuvo decisión sobre su propio cuerpo. Uno de ellos incluso envió un mensaje diciendo “v@gin@ gratis” en un chat grupal en el que había otros 50 hombres. Ellos sabían lo que estaba pasando, pero no hicieron nada para ayudarla. Y la universidad solo los castigó mandándolos a hacer ensayos que probablemente fueron escritos con ChatGPT.

El caso de Jane Doe y su demanda contra la fraternidad Chi Phi, debido al abuso sexual que sufrió a los 20 años mientras estudiaba en la Universidad de Cornell, ha acaparado titulares en todo el mundo. Indignación y una sensación de impotencia fue lo sintio la opinión pública al enterarse de la manera en que la universidad gestionó el caso y su respuesta frente a los siete hombres implicados; o, más bien, la ausencia de un castigo que reflejara verdaderamente la gravedad del caso.

La entidad que se supone debio protegerla y garantizarle justicia no tomó ninguna medida.

Y yo me pregunto:

¿En qué lugar puede una mujer estar segura?

¿En nuestras universidades? Parece que no.
¿En la calle? Crecimos sabiendo que no
¿En un transporte publico? Con tan solo ver noticas sabemos que no
¿En nuestras propias casas? Lamentablemente, tampoco.

Y creo que lo más preocupante es que hemos aprendido a vivir con esta realidad como si fuera normal.

Crecí en un país donde cada semana aparecían en las noticias nuevos casos de feminicidio y abuso contra la mujer. Pero también crecí con la constante enseñanza de que las mujeres éramos las culpables de las cosas que nos podían pasar.Siempre hay un factor que nos hace a nosotras las culpables.

Y eso también lo podemos ver en el caso de Jane Doe. Muchas personas la culpan a ella: porque salió, porque tomó, porque fue a la casa de la fraternidad.

Pero, ¿por qué siempre terminamos preguntándonos qué hizo la mujer para que esto ocurriera?¿Por qué no preguntamos qué hizo el hombre?

Y quiero plantear una situación diferente.

Si la situación hubiera sido a la inversa, si un hombre ebrio hubiera ido a casa de unas amigas por la noche, ¿crees que habría sido abusado por siete mujeres?

La respuesta es que no.

No son todos los hombres. Pero cuando hablamos de este tipo de violencia, una y otra vez nos encontramos con hombres como agresores. Pero nuestra sociedad se ha acostumbrado a justificar al hombre mientras que las mujeres vivimos en un modo de supervivencia constante.

La sociedad me dice: “Eres joven, disfruta la vida”.

Pero ¿cómo quieren que la disfrute si cada vez que salgo de mi casa mi mayor miedo es volver viva o no ser violada?

¿Cómo se supone que debo simplemente disfrutar mi juventud cuando, al mismo tiempo, tengo que pensar en cómo regresar segura a mi habitación?

Por eso me imagino un mundo diferente.

Un mundo donde no tenga que llevar gas pimienta en el bolso.

Un mundo donde no tenga que correr en las noches para regresar a mi cuarto por miedo a que alguien esté alrededor.

Un mundo donde pueda ponerme la ropa que yo quiera y que esta no defina mi derecho a merecer respeto.

Un mundo donde ser una mujer no signifique vivir constantemente pensando en cómo protegerme de los demás.

Lo que pasó en Cornell y la manera en que la universidad manejó la denuncia de Jane Doe es solo la punta del iceberg de un sistema mucho más grande, un sistema que muchas veces termina protegiendo al hombre y al privilegiado.

Y despues el publico se pregunta:

¿Por qué las mujeres no hablamos cuando sufrimos de abusos?

Porque muchas veces sentimos que la justicia no se va a poner de nuestro lado.

Y lamentablemente, este tipo de abusos no solo pasan en Cornell. Son casos que existe en cada universidad del mundo. En oficinas de trabajo, en escuelas, en casas y en las calles.

¿Por qué no hay un solo lugar donde una mujer pueda vivir en paz?

Estoy cansada de escuchar a la sociedad decir: “El feminismo ya no debe existir. Las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres”. Porque la verdad es que no temenos los mimos derechos, y mucho menos el mismo estilo de vida y crianza.

En vez de educar únicamente a las mujeres para que se protejan, tengo una idea mejor:

¿Por qué no educamos a nuestros hijos para que sean seres humanos con valores y moral, con decencia humana y empatía?¿Por qué no les enseñamos a no violar?

Porque en vez de decirle a la mujer: “No salgas de noche”, ¿por qué no le dicen al hombre: “No salgas tú”?

No suena bonito que te quiten la libertad, ¿no? Pues ese es el caso de las mujeres día a día.

Cornell, como muchas otras universidades, debe aprender a proteger a las mujeres en sus campus.

Nuestra ley debe entender que el único culpable de una violación es el violador.

Y nuestra sociedad debe entender que la lucha por los derechos de las mujeres no ha acabado.

Esto es por Jane Doe.

Por todas las mujeres que alguna vez tuvieron miedo de hablar.

Por todas las mujeres a las que les preguntaron qué estaban haciendo, qué estaban tomando, qué estaban usando o por qué estaban ahí, en lugar de preguntar quién les hizo daño.

Por crear un mundo donde una mujer no tenga que vivir pensando constantemente en cómo evitar convertirse en una víctima.

Esos 7 animales, porque ni siquiera puedo considerarlos seres humanos, merecen prisión. No me va a importar si se les arruina su futuro, porque ellos no pensaron cuando arruinaron la vida de alguien más.

Cada violador no merece escapar de la ley.

Cada víctima merece justicia.

Y cada mujer merece vivir una vida sin miedo.

Todas somos Jane Doe hasta que ninguna de nosotras lo sea.

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